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A la mañana, a la siesta o durante la noche, las escenas se repiten en las calles de la ciudad de Corrientes. Motociclistas que circulan sin casco, conductores que cruzan semáforos en rojo, familias enteras que viajan en un mismo vehículo y hasta adultos que trasladan a bebés sin las condiciones mínimas de seguridad. Son imágenes cotidianas que reflejan una problemática que parece no encontrar solución: la imprudencia sobre dos ruedas.

El incumplimiento de las normas de tránsito y el desprecio por las medidas básicas de protección convierten cada recorrido en una situación de riesgo. En muchos casos, la motocicleta deja de ser un medio de transporte para transformarse en una amenaza para quienes la conducen, sus acompañantes y el resto de los usuarios de la vía pública.

Las infracciones que se naturalizaron

Las postales son diversas, pero tienen un denominador común: la falta de conciencia sobre los peligros que implica circular sin respetar las reglas básicas del tránsito. A esto se suman vehículos que circulan sin chapa patente, con deficiencias mecánicas o sin las condiciones reglamentarias, además de conductores que utilizan calzados inadecuados para manejar.

Muchas de estas conductas parecen haberse naturalizado. Sin embargo, cada infracción puede tener consecuencias irreversibles. El casco, el respeto por los semáforos, la cantidad permitida de ocupantes y el buen estado del vehículo no son detalles secundarios, son medidas fundamentales para prevenir siniestros y reducir la gravedad de las lesiones.

Un costo humano que no deja de preocupar

Los accidentes protagonizados por motociclistas representan un desafío permanente para la seguridad vial y el sistema sanitario. Las consecuencias no se limitan a las víctimas fatales: también hay personas que sufren fracturas, traumatismos y lesiones que pueden dejar secuelas permanentes, afectar su movilidad y modificar para siempre la vida de sus familias.

La atención de estos pacientes demanda recursos médicos, intervenciones de urgencia, internaciones y procesos de rehabilitación que, en los casos más graves, pueden prolongarse durante meses.

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La problemática obliga a poner el foco no solamente en los controles y las sanciones, sino también en la prevención y la educación vial. La responsabilidad individual es indispensable, pero también lo son la fiscalización efectiva, el cumplimiento de las normas y las campañas sostenidas de concientización.