ITATI. Cottolengo Don Orione: "Estamos abandonados y es difícil sostenernos"

El reloj de arena se está quedando sin granos en el Cottolengo Don Orione de Itatí. Lo que durante casi seis décadas (abrió sus puertas el 20 de mayo de 1968) fue un refugio para los más vulnerables, hoy tambalea ante una asfixia financiera que parece no tener rostro ni respuesta en los despachos oficiales de Buenos Aires.
Paola Rodríguez, coordinadora de la institución, en diálogo con diario época, le puso palabras a una angustia que ya no se puede ocultar tras las sonrisas de los residentes: "Estamos abandonados", fue la frase tajante de la licenciada.
La crisis no es una sensación, es una cifra: cuatro meses sin cobrar. Desde que en diciembre de 2025 se cortó la cadena de pagos de programas federales como Incluir Salud y PAMI, el Cottolengo ha entrado en una economía de guerra. El último depósito registrado corresponde a noviembre del año pasado. Desde entonces, el silencio administrativo de la Nación ha sido la única respuesta.
La institución, que alberga a 37 personas con discapacidades severas, denunció que no recibe fondos del programa Incluir Salud. "Estamos desesperados", advirtieron. Sin recursos para alimentos, pañales, ni salarios, la obra de caridad más emblemática de la localidad correntina enfrenta el riesgo real de un cierre.
La frase "ya no tenemos más reservas" resuena con un eco gélido en los pasillos del pequeño Cottolengo Don Orione de Itatí. Lo que durante décadas fue un refugio de amor y dignidad para los más vulnerables, hoy es el epicentro de una crisis humanitaria y económica que amenaza con apagar una obra de 58 años de historia.
La falta de cumplimiento de la Ley de Emergencia en Discapacidad 27.793 junto al no pago de los servicios por parte de Incluir Salud desde diciembre de 2025, pone en riesgo la atención y el cuidado de sus 37 residentes que están expectantes de una ayuda porque se encuentran en una situación de riesgo extremo. "Son personas que estaban en situación de calle o que llegaron por orden judicial porque no tienen a nadie", explicó Rodríguez.
El servicio que se brinda es total: enfermería las 24 horas, alimentación adaptada, medicación psiquiátrica de alta complejidad y un Centro de Día con un equipo interdisciplinario de kinesiólogos y nutricionistas. Sin este soporte, los residentes quedarían a la deriva, un escenario que la licenciada califica como "contraproducente y peligroso" para su integridad.
Sin los recursos de Nación, el Cottolengo no solo es incapaz de abonar los sueldos de sus 40 trabajadores quienes continúan asistiendo por compromiso vocacional, sino que ha agotado su capacidad de compra de insumos críticos.

Ante la falta de fondos oficiales, la creatividad y la solidaridad se convirtieron en las herramientas de supervivencia. Los mismos trabajadores, cuya fuente laboral también pende de un hilo, han organizado ventas de comida, eventos solidarios y colectas de urgencia.
"Tuvimos que achicar gastos y tomar medidas de ajuste para que no les falte el plato de comida, la medicación o el pañal a los pacientes", relató la coordinadora con una mezcla de orgullo por su equipo y cansancio por la incertidumbre.
Sin embargo, el fondo de reserva se agotó. Aunque los sueldos de marzo pudieron cumplirse "gracias a Dios", como expresó, el horizonte de abril se ve negro. La estructura de costos de una institución de este tipo es inmensa y no puede sostenerse indefinidamente a base de voluntarismo.

El laberinto burocrático
La raíz del problema radica en los cambios estructurales a nivel nacional. Tras la disolución de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), las políticas del área quedaron bajo la órbita de la Secretaría Nacional de Discapacidad, dependiente del Ministerio de Salud que conduce Mario Lugones.
En ese traspaso de mando, los pagos parecen haberse extraviado en un laberinto de mails sin respuestas. "Se mandan correos porque ellos están en Buenos Aires; el problema no es a nivel provincial, pero nos afecta aquí, en el territorio", remarcó la licenciada.

El drama de los insumos: sin pañales ni medicación
La situación sanitaria es, quizás, el punto más alarmante. El Cottolengo es un hogar de alta complejidad donde el consumo de pañales para adultos y medicación específica es masivo y constante. Desde noviembre, la entrega de medicamentos por parte de los programas oficiales ha sido errática o nula, obligando a la institución a depender exclusivamente de la caridad para tratamientos que no admiten interrupciones.
Un llamado a la sensibilidad
Mientras la Provincia, a través del Ministerio de Desarrollo Social, tomó contacto con las autoridades del Cottolengo, quienes les explicaron que la necesidad es enorme, ya que requieren desde lo básico para el aseo y alimentos para paliar la urgencia.
El llamado también fue de manera directa a los representantes correntinos en el Congreso y a las autoridades nacionales: "Sabemos que le compete a Nación. Dios quiera que a algún diputado o senador nacional por Corrientes le llegue esta información para que nos represente y pueda llegar hasta Nación", resaltó la coordinadora.

Una comunidad en guardia
Ante la inacción de las autoridades nacionales, Itatí comenzó a movilizarse. Por ello lanzaron una campaña solidaria de emergencia bajo el alias cotto.prov.itati para recaudar fondos que permitan, al menos, asegurar el plato de comida de la próxima semana.
Los vecinos y fieles de la Virgen de Itatí iniciaron colectas de alimentos no perecederos, ropa y calzado, pero las autoridades del hogar son claras: la solidaridad ciudadana es un paliativo, no una solución estructural para una entidad que funciona como un hospital de crónicos.
El fantasma del cierre
El Cottolengo Don Orione no es solamente un edificio, es una familia para personas que, en su mayoría, no tienen otro vínculo afectivo o familiar. Un eventual cierre no solo dejaría a 40 familias sin empleo, sino que lanzaría a 37 personas con discapacidades profundas a un sistema de salud público que ya se encuentra saturado.
"Nunca se cerró el lugar, siempre estuvo abierto brindando calidad de vida. Ver cómo se desmorona lo que construimos por tantos años es doloroso", dijo Rodríguez.
La pregunta que hoy se hace toda la comunidad correntina es simple pero dolorosa: ¿hasta cuándo puede sostenerse el amor cuando el Estado nacional retira el sustento? Por ahora, el Cottolengo resiste, pero sus paredes, acostumbradas a los rezos, hoy solo gritan por auxilio.
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